
AL
PRINCIPIO FUE PEQUEÑO
Divercine fue creado en Cinemateca Uruguaya. En el año 1991 llegaron
a Cinemateca la directora del Instituto Interamericano del Niño (OEA)
y Ana Sineiro pidiendo una muestra de cine para niños. Vimos que
los films para niños que teníamos eras pocos y viejos, resultó
una muestra de películas donde los niños eran protagonistas.
Pero comenzamos a buscar material nuevo, de corto y largometraje, de calidad.
Es
así que surge el Primer Festival Internacional de Cine para Niños
y Jóvenes, Divercine, en 1992. Eloy Yerle, en ese momento directivo
y director del curso de cine para niños de Cinemateca, le dio el
nombre: Divercine por lo diverso y divertido. Poca gente trabajando para
organizar el Festival pero con la cobertura de Cinemateca y el Instituto
Interamericano.
Los
ejemplos a imitar fueron pocos pero buenos. Ya conocíamos Berlin
y nos gustaba su manera seria y profesional de encarar el tema. En Rio de
Janeiro estaba la experiencia de Cineduc, pionera en la región. Y
los films aparecieron, primero tímidamente y luego con más
fuerza, descubrimos una serie de talentosos realizadores que trabajaban
para el público infantil.
La
primera edición fue tan exitosa que nos sorprendió. Los amigos
y colegas de la región empezaron a pedirnos la programación,
entonces creamos las sub-sedes de Divercine, una especie de red latinoamericana.
Ya que los films llegaban a Montevideo por qué no llevarlos a otras
ciudades, sobre todo a instituciones que sabíamos iban a cuidar esos
materiales debidamente.
El
otro tema difícil de tratar fue la programación, no había
mucha experiencia y las películas de éxito en Uruguay, como
en todo el mundo, eran las de Disney. Y la observación fue el método
más eficiente, observar como reaccionaban los niños a nuestras
propuestas, porque si hay un público que se manifiesta sin problemas
es el de niños y niñas. Ahí vimos que son más
inteligentes de lo que podemos creer, sobre todo sensibles a las obras de
calidad. También vimos que no se angustian con temas tabúes
como muerte, sexo y drogas, como nos angustiamos los adultos. Esto nos generó
más responsabilidad, nuevos desafíos pero más estímulos
para enfocar una actividad pionera y enriquecedora, sobre todo para ese
público que se está formando y sólo tiene una opción,
la de Hollywood.
Por
eso Divercine cumple una misión muy particular. No creemos que el
"pensamiento único" sea una buena opción para ninguna
sociedad, es así que la apuesta a la diversidad cultural nos resultó
siempre la alternativa, sobre todo para chicos que están empezando
a ver cine, están conociendo el mundo. Y allí surgen algunas
dificultades, algunos padres y docentes protestaban ante películas
que consideraban inadecuadas para niños. Pero eso también
es importante, que exista una participación activa de la gente ante
las propuestas culturales, no creemos en el espectador pasivo que consume
todo lo que le dan sin emitir señal alguna de aceptación o
disgusto. Divercine nos cuestiona y eso es positivo. En último caso,
cuando la discusión se volvía inconducente, les mostrábamos
otros catálogos de festivales internacionales, tal vez más
prestigiosos que Divercine, donde esos mismos films habían concursado
y eran calificados por profesionales de reconocida experiencia mundial.
Y
la televisión estuvo presente desde los comienzos. Pensamos que si
los chicos están delante del televisor un promedio de 4 horas diarias
debíamos programar también los programas de TV, esos que sí
son de calidad. Felizmente conocimos el Festival Prix Jeunesse, un encuentro
que ocurre en Munich, cada dos años, donde se presentan las mejores
producciones del mundo, un grupo de 300 expertos ven esos programas, los
discuten y califican, para luego dar un premio por categoría. Participar
de esos festivales nos permitió acercar al Continente las mejores
producciones de TV, también conocer a los colegas de la región,
con los cuales nos reunimos cada dos años en Munich curiosamente,
para intercambiar ideas, conceptos y también obras, porque se produce
muy poco en América Latina, sobre todo obras de calidad y para niños.
Las
sub-sedes fueron en aumento y el trabajo por mejorar año a año
la eficiencia del Festival también. UNICEF vino en nuestro auxilio
rápidamente, sobre todo para respaldar el proyecto desde su experta
visión del mundo infantil. También UNESCO nos dio su ayuda
instaurando un premio para la mejor producción de la región,
de manera que se pudiera estimular un aumento de la producción para
niños y niñas. El Departamento de Cultura de la Municipalidad
de Montevideo es un aliado de Divercine, así como el Ministerio de
Cultura y el de Relaciones Exteriores, aunque más tímidamente.
Tal
vez los apoyos más importantes vienen de los propios productores
que año a año nos envían sus obras, generosamente,
comprendiendo que Divercine es la única vidriera, junto a los pocos
festivales colegas de la región, para dar a conocer sus obras. No
existe hasta hoy pantalla para la producción de calidad para niños
en América Latina. Alguna vez podemos ver una serie en algún
canal de televisión, sobre todo de cable, alguna otra llega un film
a los cines, pero más del 80% de la programación que ven nuestros
chicos es comercial y repite la misma fórmula de éxito de
los últimos 100 años de la producción hollywoodense.
El
otro cambio importante ocurrió en 2004 cuando el director de Divercine
no quiso cumplir 30 años como funcionario de Cinemateca y dio paso
a los jóvenes. Fue entonces que el director de la institución
le planteó que siguiera ocupándose de Divercine, siempre brindando
una sala, La Linterna Mágica, para su exhibición en Montevideo.
Esa sala se cerró en 2007 por dificultades económicas de la
Cinemateca y tuvimos que abrir el festival a nuevas salas culturales.
Y
los premios comenzaron a llegar, primero el Premio Caleidoscopio del Festival
de Fortaleza (Brasil), luego el Premio Educativ del Festival de Pamplona
(España), reconociendo la labor de Divercine de formador de públicos
y espacios para la creación de calidad. También surge ALA
(Alianza LatinoAmericana), un grupo de colegas de canales de televisión
pública de la región, básicamente para dar cobertura
al Item Exchange, un intercambio de programas para niños entre los
canales de Europa, América Latina, Asia y África, donde cada
país aporta al menos un programa y recibe a cambio todos los demás.
Pero no olvidemos el Prix Jeunesse Iberoamericano, que ya lleva tres ediciones
en Santiago de Chile, turnándose con el de Munich, que es internacional,
para dar un espacio digno a la producción de la región, donde
Uruguay lleva ganados varios primeros premios, gracias a su genial animador
Walter Tournier.
Muchas
veces nos preguntan como hemos logrado sobrevivir tanto tiempo con tan pocos
recursos económicos. La respuesta es una sola, son las niñas
y niños que sostienen Divercine y un equipo de gente que trabaja
muchas horas y meses para hacer posible un festival de nivel internacional.
Y en este sentido debemos destacar a un grupo de colaboradores que soportan
esta estructura, no con la solución fácil, que en definitiva
considera al niño como un ser infradotado, sino con todo el talento
y empeño de profesionales destacados en su oficio.
En
un diseño gráfico que ha convertido el Festival en un objeto
de arte, desde su afiche a su catálogo, la traducción de 100
títulos por año, generalmente del inglés al español
pero también de otros idiomas, con el esmero que cada película
merece, un trabajo de cuidado técnico eficiente en los materiales
que llegan a Uruguay, desde la copia que hay que transcodificar, editar,
traducir y finalmente copiar para enviar a las sub-sedes, la tarea de atender
a los niños en sala, hacer la prensa y trabajar con los jurados.
Son infinitas las actividades y el público que llega a Divercine
ni se imagina, pero eso es lo bueno, cuando uno se preocupa por alguna de
esas actividades en particular es porque no está funcionando bien.
Varias de las personas que se responsabilizan de esos trabajos están
presentes en el Staff de esta página. Otras también están
aquí, los auspiciantes que hacen su aporte desde el ámbito
de acción que les toca, sea público o privado, pocos pero
buenos. Y nos gusta mencionar una institución que está con
Divercine desde su inicio, el Plan DENI con su jurado de niños y
jóvenes, ejemplo en el Continente de trabajo serio y responsable.

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La historia sigue, felizmente, sobre todo porque Divercine se renueva cada año, como la primavera vemos a muchos niños que llegan por primera vez a un cine y otros que se van, ya creciditos. Y es el mayor estímulo a seguir, porque los recursos económicos no sobran, más bien que escasean por este lado del mundo, pero los resultados son esperanzadores. Sobre todo ahora que volvemos a tener una buena sala, en el centro de Montevideo, la Sala Zitarrosa de la Municipalidad, con capacidad para 600 espectadores y muy buena proyección en pantalla gigante. Y la buena noticia que el Ministerio de Educación y Cultura, a través de sus Centros MEC, comienza a acercar Divercine a los niños del interior del país, sobre todo de los pueblos más lejanos a los centros urbanos.
